Ecocidio y genocidio a ciegas: las muertes por agrotóxicos en Entre Ríos alarman pero se callan

Nacionales 27 de junio de 2021 Por Visión Política
El mal uso de la aplicación de los agroquímicos comenzó a interpelar a las organizaciones no gubernamentales que encarnaban las luchas por un ambiente sano.
WhatsApp Image 2021-06-26 at 16.16.43

El problema radica en las distintas enfermedades, plagas y malezas con las que se tienen que enfrentar los productores agropecuarios para que la cosecha rinda, y acá entran en juego los “agrotóxicos” como plaguicidas y fertilizantes. La mayor expansión del uso de estos químicos fue a partir de la revolución industrial al crecer notablemente la población urbana. Esto desembocó en la necesidad de una mayor producción agropecuaria en un contexto mundial que llevó a uno de los dogmas del sistema capitalista: incrementar la producción para incrementar el consumo.

Distintas universidades del mundo han revelado los efectos nocivos de los agrotoxicos en la salud y el medio ambiente. El mal uso de la aplicación de los agroquímicos comenzó a interpelar a las organizaciones no gubernamentales que encarnaban las luchas por un ambiente sano. Pero en 1985 se marca un antecedente mundial cuando se crea el código internacional de conducta para la distribución y uso de plaguicidas. Es un documento de orientación de la ONU sobre Alimentación y Agricultura (FAO) y que instaba a los distintos países a buscar un equilibrio entre la salud y la economía. 

image_2021-06-25_120148

Esta dicotomía subsiste a nuestros tiempos y ha tomado relevancia en las decisiones gubernamentales a la hora de gestionar la cuarentena. La organización Mundial de la Salud emitió en 2015 un informe donde confirma los efectos cancerígenos del glifosato en humanos pidiendo controles a nivel mundial y la no exposición de su uso en poblaciones rurales.

Este problema, mejor llamado ecocidio, ha arrojado resultados muy negativos para los niveles de vida de los pueblos agropecuarios de nuestro país, que es el mayor consumidor de glifosato del planeta. En esta nota en particular vamos a enfocarnos en una provincia pionera en la lucha contra el envenenamiento social y cultural que ha generado el glifosato y los demás agrotoxicos en nuestra población.

Efectos crónicos, reproductivos, neurológicos, malformaciones en el nacimiento, cáncer y mal de Parkinson, entre otros, son los resultados de años de aplicación de estos químicos a pocos kilómetros de la población urbana y de colegios rurales. Incluso los han sufrido los mismos trabajadores encargados de aplicar estos venenos, como ocurrió con el entrerriano Fabián Tomasi.

Fabian Tomasi, trabajaba en el pueblo entrerriano de Basavilbaso dentro de una empresa de fumigación aérea con agroquímicos. Falleció en 2018 por neumonía, pero sufría de polineuropatía tóxica metabólica severa debido a los años de trabajo en fumigación sin ningún tipo de protección. Sus jefes no le daban ningún tipo de elemento de protección para manipular el veneno, solamente le pedían que no trabajara contra el viento así no inhalaba los gases. Al tiempo, sus jefes, los hermanos Molina, también murieron de cáncer.

"No cometamos el error de pedir salud y no justicia porque así nos enfermaremos todos", Fabián Tomasi.

Con el correr del tiempo, Fabian se convirtió  en un ícono de la lucha por la prohibición de los agrotóxicos en nuestro país. Era una muestra viviente de los efectos que producen estos venenos en el ser humano. “Respecto a las denuncias judiciales, es muy difícil en un país donde se acepta algo tan dañino como la soja transgénica y se habilitan agrotóxicos tan perjudiciales que por más que se apliquen de manera correcta de todas maneras van a contaminar. Nadie se hace cargo y las autoridades no ven nada", había dicho Fabián en 2009.

¿Cuáles son los caminos?

Hay muchos frentes por batallar, todos necesarios y ninguno de ellos es incompatible entre sí. Uno muy importante para la solución es la identificación colectiva del problema por parte de la sociedad. Que sea un tema en la agenda cotidiana de la gente, trascendiendo también a las poblaciones alejadas del agro. En ese sentido, se ha detectado veneno en sangre de ciudadanos y ciudadanas de localidades que no son agrícolas como Mar Del Plata. Además, es un veneno que contamina nuestros alimentos, aire, suelo y ríos, gracias a lo cual llega a todas partes.

Otro camino a trazar es el avance legislativo sobre el tema. Entre Ríos es una provincia caracterizada por la lucha ambiental. Tiene una economía agrícola-ganadera y es uno de los bastiones sojeros de nuestro país. CONICET reveló que registra niveles altísimos de acumulación del herbicida cancerígeno glifosato y, además, advirtió que en la localidad de Urdinarrain se encuentra la mayor concentración del país.

image_2021-06-25_120245

En 2017, el municipio de Gualeguaychú publicó distintos estudios donde demostraba estadísticamente cómo ascendían los distintos tipos de cáncer en la población. Este fue el motor necesario para que el municipio trabajara sobre dos ordenanzas. Una que reglamenta el uso de los agroquímicos y prohíbe las aplicaciones aéreas, y otra que prohíbe el uso, el almacenamiento, distribución y comercialización del glifosato en la ciudad. Estas ordenanzas son las primeras en el país en prohibir el uso del veneno, que al día de hoy se encuentran atravesando una compulsa judicial iniciada por algunos productores.

Si bien en la provincia se han presentado proyectos de ley que prohíben la comercialización y aplicación de estos venenos, hoy rige la ley de plaguicidas Nº6599, que habla del buen uso o aplicación de estos agrotóxicos para no afectar a terceros. También establece una serie de multas a quienes no respeten los términos de la ley. Sin embargo, es necesario avanzar hacia un nivel mayor de legislación que no abarque solamente al glifosato. Cabe aclarar que el glifosato se encuentra prohibido en 74 países. Es el caballito de batalla del agronegocio a nivel mundial, porque es el más fácil de comercializar. No obstante, no es el más tóxico de todos los que existen en nuestro país.

Otro camino es la aplicación del poder de policía sobre lo ya legislado. Es poner en ejecución los recursos del Estado para llevar adelante las medidas ya tomadas y efectivizar los controles, como así también acelerar la justicia. Esto implica condenar verdaderamente a aquellas personas que atenten contra la salud de la población, porque de nada nos sirve avanzar en materia legislativa si no somos capaces de aplicar la ley vigente contra quienes las incumplen.

Un punto clave: la alimentación

Cambiar nuestros hábitos de alimentación es dejar de consumir productos contaminados e ir por una agroecología en contraposición de los agronegocios. Si bien no vamos a lograr que se acabe, podemos ir generando conciencia en productores agropecuarios para que comiencen a utilizar biomecanismos en la producción agrícola. Pero también es necesaria una conciencia en los consumidores para que dejen de envenenarse y de envenenar a los demás. Es quizás un modelo menos rentable, pero el necesario para vivir en un ambiente sano y mejorar nuestra calidad de vida. Entonces, se puede obtener rentabilidad económica a través de la agroecología y una tarea de militancia ambiental que podemos asumir es la de ingerir alimentos agroecológicos, educarnos y educar sobre el tema.

Y tal como dijo el médico argentino especializado en biología molecular Andrés Carrasco: "Nos quieren hacer creer que todo es técnico, disfrazando la ideología de ciencia o mejor suplantándola con una ciencia limitada y sin reflexión crítica". En otras palabras, el ambientalismo, no es una mala palabra o una postura caprichosa consumada por ecoterroristas delirantes. Más bien, es una posición ideológica que perfora el dogmatismo científico legitimante". Fuentes: primerapagina.info e infoplatense.com.ar

Te puede interesar