Macri vs. Macri: "El marketing vendió un Mauricio que no es, el real es este político que no cumple"

Nacionales 19 de julio de 2021 Por Visión Política
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El hermano menor del expresidente habla de todo: "El marketing vendió un Mauricio Macri que no es: el real es este hermano, el socio que defrauda, el político que no cumple. Tuvo un comportamiento muy destructivo de enorme autoritarismo, arbitrariedad y perversión", señala. "Mauricio Macri se maneja de la siguiente manera: o te sometés o te destruyo, tiene la visión amigo/enemigo en todo lo que hace", precisa Mariano. "Vi jugar a Mauricio; por eso no le creo cuando dice que actuó transparentemente con la Justicia".

—No, para nada. Mi padre, como empresario hacedor que siempre fue, siempre quiso que las cosas fueran para adelante, que los negocios fueran bien, que el país creciera. Apostó siempre a que el gobierno de turno hiciera las cosas bien.macri-presidente

—Franco falleció el 2 de marzo de 2019. ¿Cómo fue el proceso de su enfermedad y su fallecimiento?

—Terrible. Sus últimos 11 años fueron muy sufridos y tristes. Lo vi en un proceso de angustia por el enfrentamiento con sus dos hijos mayores varones que devino en un conflicto, un enfrentamiento ya judicializado, llevado por abogados. Una pelea por el poder de la que no quise ser parte. Con el tiempo me fui dando cuenta de que llegó muy lejos y que lo afectó de manera irremediable. Después de que me repitiese muchas veces este tema de que lo quisieron declarar insano, cuando sorteé la barrera de yo ser también involucrado y culpado, a pesar de que desde el principio no quise tener que ver en ese conflicto, finalmente entendí. Entendí su dolor por el nivel de disputa.

Hubo un punto en el que los dos hermanos mayores, Mauricio y Gianfranco, plantearon que tu padre no podía seguir administrando sus activos porque se encontraba bajo un proceso de deterioro cognitivo y lo declararon insano. ¿Hablás sobre ese momento? 

—Tuvieron esa tentativa. Intentaron transitar ese camino. Eso afectó muchísimo a mi padre.

—¿Qué año fue?

—El enfrentamiento se inició en 2007, cuando mi padre decidió dar un paso al costado y ceder la conducción del grupo. En el detalle de los términos hubo grandes desentendimientos. Yo no llegué a involucrarme hasta muchos años después. En una charla con mis hermanos, mi planteo fue: “Si esto vamos a llevarlo a un enfrentamiento con nuestro padre, solo va a escalar y sabemos cómo termina. Preferiría que rompamos los papeles sobre la mesa, volvamos todo atrás, que él piense qué quiere hacer”. Mauricio, en una conversación estéril, terminó diciéndome: “¿De qué lado estás? ¿Estás con él o estás con nosotros?”. Mi respuesta fue: “De esta manera yo no me puedo entender nunca con ustedes. No quiero saber lo que vayan a hacer ni participar en lo más mínimo. Quiero verme totalmente afuera”. Fue luego de unos pocos meses de experiencia de intentar recrear reuniones entre hermanos.

—¿Intentabas cumplir el rol de componedor?

—Eso siempre en la vida. Eso fue entre hermanos como en la empresa, conduciendo o discutiendo. Finalmente, fue con la idea de involucrar a mi hermana, que no estaba pasando por un buen momento de salud. Hacía mucho tiempo que venía con demasiados procesos de quimio. Intenté involucrarla con paciencia. Ella era un poco reticente y hubo mucho maltrato por parte de mis hermanos hacia Sandra. Hubo mucha impaciencia. La cuestión es que, como los temas se dilataban por esa dinámica, veía que las decisiones se tomaban en algún aspecto. macrijpeg

—¿Se llegó a consumar la declaración de insania? 

—No. Fue planteado a los doctores, que no vieron predisposición para eso. Pero me di cuenta de que esas reuniones eran estériles porque las decisiones se tomaban. Eso era por quien mandaba, que era Mauricio, por teléfono, con quien ejecutaba, que era Roberto Maffioli, el gerente general. Hablamos de un conflicto de muchos años. Un conflicto que me llevó a llevar mis diferencias a la Justicia hace tiempo y con muchos procesos. Llegó el momento también de que esto se empezó a convertir en “o lo termino, y de alguna manera lo resuelvo, o va a terminar con mi vida”.

—¿Cuándo comenzó el conflicto? 

—Me podría retrotraer a más de veinte años atrás. Fruto de mis estudios, propuse que hagamos un proceso de empresa familia. Poner en valor a la familia, para que no se la llevara puesta la empresa. Era una empresa que crecía mucho, muy grande, y una familia chica. Esa disciplina de empresa de familia se convirtió en algo muy estudiado. Hubiese permitido que la vida de todos los integrantes de la familia se pudiese planificar, que se pudiese discutir del desarrollo de cada uno, poner reglas claras en las temáticas fundamentales. Poder conversarlas y definirlas de manera democrática. Ese proceso chocó de frente con el proyecto de poder de mi hermano, que lo llevó hacia el extremo opuesto de lo que me hubiera gustado que fuera: un protocolo legal, un protocolo de familia, lo que la ley determine. Sentí que interpretaba la voluntad de mi padre de que todos pudiésemos continuarlo.

—Recuerdo a tu padre volviéndome a ver con un libro, el último libro que hizo, diciéndome que reasumiría la conducción de Socma, hará unos veinte años. ¿Ahí es cuando comienza el proceso de discusión sobre la continuidad de la empresa? 

—Es una iniciativa que tomé como uno de los hijos para que entre los hermanos nos pongamos de acuerdo de cómo hacer el proceso y, en paralelo, la práctica de la vida del grupo y sus mecanismos de gobierno. Pero decantó en la renuncia de mi hermano Mauricio, que fue a dedicarse a Boca en el 99. Con la suerte de que quedó todo en la nada.

—Mauricio me vino a ver en esa época y me dijo que se dedicaría a la política porque interpretaba que su padre no lo dejaría nunca ser CEO de Socma. Lo recuerdo en esa fecha, 1999.

—Para mí venir acá es para hablar de la historia verídica que viví de un personaje que se vendió con un marketing de algo que no es. Que se opuso a la familia por su proyecto de poder, que llegó realmente a destruirles la vida los últimos años a mi padre. Y me llevó puesto a mí. Tuvo un comportamiento muy destructivo, de enorme autoritarismo, arbitrariedad y perversión. Para mí es una cuestión de dar vuelta la página, de poder hacer las paces. De decir todo lo que tenía que decir. Soy una persona testigo de todo lo que se vivió. Hago mi paz de conciencia. Poder decirles a mis hijos que hago las cosas en función de una escala de valores. Quiero poder mirarlos a los ojos, sin remordimientos y, fundamentalmente, pensar en mi futuro. Terminar con este pasado que pareciera que nunca acaba, del que no logro salir.reportaje-de-fontevecchia-a-mariano-macri-20210714-1204198

—¿Franco un día te dijo: “Ojo con Mauricio, que me quiso hacer quedar como insano”? 

—Es lo que te comenté en un momento. Mi padre, después de mucho repetirme el tema, me invitó a investigar un poco. Efectivamente, hubo una charla con la intención de semblantear al equipo médico de mi padre para ver si estaban dispuestos a firmar un certificado. El médico me dijo que rápidamente pidió a mi padre que se sometiese a un estudio para establecer un diagnóstico. 

—Dejar presente lo contrario.

—Exactamente.

—El en el libro “Hermanos” se refiere a un chat con Santiago O’Donnell: “Hola, Santi, ¿cómo andás, tanto tiempo? Los chanchullos que en el ejercicio de su profesión encuentres del señor presidente serán una cuestión entre él y vos o la sociedad argentina a la que te interesa que rinda cuentas. En nada me atañen a mí y nada tengo que aportar en su defensa. Distinto es si hicieran referencia a mi viejo, alguien que dejó todo en la cancha desde su pura esencia de hacedor”. ¿Cuáles son las diferencias de carácter entre tu padre y tu hermano?

—Son dos eras. Mi padre era un tipo generoso, transparente, frontal. Muy franco, como dice su nombre. Muy puro en lo esencial. Lo único que le preocupaba y que lo movilizaba era hacer. Las consecuencias de sus actos se pueden ver traducidas en el empleo que generó. Se traduce en la abundancia de haber generado riqueza para la región. Se puso al hombro industrias enteras. Se puso al frente de las cámaras de la industria automotriz, de la construcción. Buscó a aquellos sectores que mejor traccionaran la economía de todo el país, que tuviesen más chances de sacarlo a flote.

Un ejecutivo de Socma me contó que hasta había puesto su casa de garantía en alguna operación.

—No tenía ningún reparo ante el riesgo. Era una palabra que no existía en su léxico, casi lo contrario que Mauricio, por lo menos en ese trayecto de la vida empresarial. Dejaba la apuesta en el pleno, no la retiraba. Siempre que ganaba uno, pedía nueve prestados e iba para adelante con los diez, y así sucesivamente. Siempre lo suyo fue hacer y los desafíos debían ser más grandes e importantes. No se amedrentaba. Tuvo el tiempo para todos, para estar bien, para compartir alegrías. Siempre transmitió eso: mucha alegría. Contrasta con la era de Mauricio. Empieza disputando el poder y pasando a ser el que maneja todo.

Debe haber muchos que piensan como yo. Que creen que en estos años en el poder hizo caja de manera importante.”

—¿Al comienzo de los 90?

—Me refiero a épocas más recientes. En esta última disputa de la que hablábamos de mi padre dando un paso al costado y yo pasar a encontrarme con Mauricio como socio.

—A comienzos de los 90 hubo una etapa de Mauricio con Franco en Socma. Recuerdo haberle hecho el único reportaje que dio después de que lo secuestraron en el edificio de Socma, que estaba en Catalinas en aquel momento, y él tenía una posición de conducción. ¿Cómo era Mauricio como empresario? 

—Mauricio tiene una mirada más financiera, más especulativa, tal vez más humana. Es lógico un cierto grado de conservadurismo que la normalidad dictaría que tuviese la persona de mayor edad. Mi padre no tenía ningún tipo de aversión al riesgo. Mauricio siempre hablaba de la consolidación, de no arriesgar ni estrecharse tanto.macri

—¿Cuando los italianos quisieron recuperar la licencia que tenía Sevel de Fiat porque por el Mercosur Fiat no sería solo Argentina, sino Argentina y Brasil, Mauricio llevaba adelante la negociación, y terminó mal?

—Queda el velo de aquel relato: que se cayó la negociación por Mauricio. Era nuestra salida de la industria automotriz. Mi padre lo tenía claro. En algún momento iban a retomar la confianza y Argentina volvería a ser importante como para que retomaran la conducción. Hablás del acuerdo automotor, algo que impulsó él, hablando de la cabeza del viejo y de su mirada lúcida. Él veía que le servía a la Argentina que se la incluyera en la cadena productiva mundial. Que se pudiesen fabricar autos en la Argentina de suficiente calidad como para venderlos en los otros mercados de Fiat Italia.

—¿Mauricio temía que Argentina se convirtiera en una provincia de Brasil?

—Era papá también que decía eso. En el sentido de “despertemos y embarquémonos en el Mercosur; empecemos a tener una relación mucho más abierta y clara con Brasil”. Que cada uno pudiese tener su relevancia y su participación en la cadena mundial.

—¿Qué pasó con esa negociación que se cayó con Fiat? ¿Retiraron la licencia y a Sevel le quedó una planta de fabricación ociosa?

—Sí, exactamente. Pareciera que no fue muy lúcidamente llevada adelante y se cayó por una gresca. Hubo un desentendimiento en las formas.

—¿Sirve para comprender el carácter de Mauricio y comprender algunas cosas que hizo como presidente? 

—Hubo algún detalle de ese orden. Me estás remontando muchos años atrás, y no recuerdo el detalle. 

—¿Te molestó que en uno de los últimos reportajes a tu hermano como presidente le dijera a Luis Majul: “Lo que hizo mi padre es un delito”? 

—Sin duda que me molestó. Es todo lo contrario. Me parece que mostró mucha disposición al delito. A mi padre yo personalmente jamás lo vi ni poner la opción de cometer un delito, ni tener conductas por el estilo. Nunca litigó con sus socios, siempre cortó por lo sano y se abrió de manera magnánima. Hubiera tenido todo por perder y nada por ganar cometiendo un delito. Una de las críticas más fuertes que se le hacían fue por evasión impositiva. Si no me equivoco y mi memoria no me traiciona, era Mauricio quien conducía Sevel. 

—¿Es correcto que tu padre había logrado establecer una buena relación o una empatía con Néstor Kirchner cuando fue presidente?

—Mi padre lograba empatía con todos los dirigentes. Incluso Néstor y la propia Cristina llegaron a admirarlo mucho. Fue un tipo que sumó para sacar adelante el país. Es el tipo de héroe que necesitamos, como cualquier empresario que sostiene una pyme y contrate a una, dos o tres personas. Son los héroes que le sirven al país. Él llevó en algún momento a Néstor a hacer un acuerdo con China, con Hu Jintao, a firmar un marco de entendimiento para un préstamo por 10 mil millones de dólares que mi padre empujaba mucho para que fuera usado para remodelar todo el Belgrano Cargas. Hubiese tenido impacto a nivel de poder sacar la cosecha a un valor lo suficientemente bajo como para hacer entrar en producción cientos de miles de hectáreas. Es un tren de 10 mil kilómetros de recorrido, que atraviesa 13 provincias. Quería que el presidente hiciera también una, dos o tres usinas nucleares para resolver el problema de falta de energía. Iba por los grandes proyectos magnánimos.macricorreo

—Desde el punto de vista de la ideología política, recuerdo a tu padre como alguien no liberal, no conservador, no ortodoxo, no me refiero solamente a la economía, sino en política. Tu padre me contaba que tu abuelo había sido periodista y del partido populista Qualunquista.

—Sí, Fronte dell’Uomo Qualunque. Tenía admiración por el padre. Desde lo ideológico estaba a favor del desarrollo industrial muy fuerte del país y de la región. Pensaba que debíamos tener una industria automotriz nacional. Y que para eso había que desarrollar el autopartismo. Así invertía en el sector para llevarlo a un nivel de calidad necesario para participar de las ventas en el mundo. Pelearse con Brasil para tener un lugar relevante en esta discusión. Fue un desarrollador y luchaba para que se le diese al sector el tiempo suficiente para hacer inversiones.

Néstor y Cristina Kirchner llegaron a admirar mucho a mi padre en algún momento.”

—Pero ¿cuál era su ideología política?

—Desarrollista.

—Y dado que el desarrollismo fue competitivo electoralmente por un lapso breve, ¿estuvo más cerca de una mirada peronista? 

—Era apolítico. Lo único que le importaba era que la economía funcionase. Que creciesen quienes ponían el esfuerzo.

—¿Por quién votaba? 

—En su momento votó por Menem.

—Socma fue heredado por los cinco hijos de Franco Macri, cada uno con el 20%, Mauricio, Gianfranco, Sandra, vos y Florencia. En 2014 fallece Sandra y su 20% se dividió entre sus dos hijos, Rodrigo y Franco, cada uno con el 10%. Mauricio Macri, antes de casarse con Juliana Awada y antes de volver a ser padre, cedió su 20% a los tres hijos del matrimonio con Ivonne Bordeu, Agustina, Gimena y Francisco, que en el año 2017 le vendieron a Gianfranco ese 20%. Por lo tanto, hoy Socma tiene 40% de Gianfranco, 20% tuyo, 20% de Florencia y 20% de los hijos de Sandra. ¿Es correcto?

—Se supone que sí.

—Intuyo que el “se supone que sí” es porque pensás que Gianfranco puede estar representando a otro. Pero lo formal es así.

—Plantean lo formal así. Yo dejo de tener información hace muchos años, desde 2007 mismo. Tengo muchas incógnitas y preguntas que no logro que se me respondan. Parte de mi lucha en la Justicia pasa por ahí.

—Socma fabricó autos con Sevel, construyó puentes, gasoductos, edificios, rutas, plantas industriales, electrificación de ferrocarriles, produjo películas, participó del sector agroindustrial, tuvieron fábrica de alimentos como Canale, recolección de residuos con Manliba, brindaron servicios de vuelos ejecutivos, introdujeron los teléfonos celulares con aquel ladrillo grandote de Movicom. Fueron los principales empleadores del país durante una década, la de apogeo en los años 80 hasta mediados de los 90, y en ese momento llegaron a sumar setenta compañías distintas. ¿Qué quedó de aquel Socma? 

—Como predicaba mi padre, la política y la vida empresaria no son compatibles. Lo advirtió más de una vez, porque veía que Mauricio se perfilaba hacia allí. Hizo todo lo posible en forma preparativa para alejarse del sector público, pero sucedió. La política no era compatible con la empresa. Y el hecho del Correo, que fue una confiscación, fue el tiro de gracia a toda la obra de una vida y el inicio del declive. Quedó una sombra de todo eso.

—¿Hoy es una pyme? 

—Sí.

—¿Qué queda exactamente?

—En los últimos años se vendieron casi todos los activos. Queda el ingreso por toda esa venta de activos enorme. Yo, no teniendo ni una información, no habiendo participado en ningún documento, contrato o nada, cuando veo el balance veo menos de la mitad de esa plata. Hay toda una conducta muy sospechosa y condenable.

—Una hipótesis es que Franco se fue poniendo grande. Su asertividad y su brújula empezaban a no ser tan eficaces como en los años 80 y comenzó a perder negocios. Otra es que decide desinvertir porque ve un conflicto entre la política y la empresa. Y otra es, en una decisión no de Franco, que se empezó a vaciar Socma vendiendo activos. ¿Es una combinación de las tres o alguna en particular?

—Son diferentes momentos, diferentes cuestiones. Pero lo que sí establecería como muy puntual y contundente es que el hecho del Correo fue el inicio del fin. Mi padre vio el Correo como Jeff Bezos vio Amazon. Como el negocio del futuro, mucho más asentado en la visión logística física, pero invirtiendo cantidad de plata en el tema tecnológico. De las desinversiones que fue haciendo años previos, mucho fue concentrado en ese negocio. El hecho de que se le hubiese confiscado ese negocio sin ningún tipo de contrapartida, hizo que todo lo que pasaba en Brasil ya no gozara del apoyo que tenía porque el país estaba en default del grupo y ya no había adonde recurrir para cubrir situaciones de insolvencia en Brasil. Había deudas. Sobre el deterioro, creo que nunca perdió la lucidez en lo más mínimo. Hay que entender su mentalidad. Nunca tuvo miedo a ningún desafío porque sabía que cualquier gobierno apostaría a que un empresario local saque adelante las cosas. Porque en el momento en que al país le va mal, las empresas multinacionales se retiran por una cuestión de cotización de Bolsa. Se van porque no tienen condición de pelearla, y menos si no ven claridad en las reglas de juego. Los empresarios locales son los que quedan. Sabía que, de la mano de un gobierno que tuviese la mirada razonable, siempre prevalecería. No lo vi menguar ni perder lucidez. La forma de actuar de mi hermano Mauricio instaló el tema de que no estaba bien, y repetirlo en muchos lugares hasta que empiece a calar e instalarse. Lo mismo que pasó en mi relación con él. A nivel de la familia, empezó a repetir como un mantra “es el enemigo”. Me empezó a convertir en el enemigo común y a hacer que todo el mundo lo siguiese. Puso al resto de la familia contra el enemigo común. Fuentes: primerapagina.info y lapoliticaonline.com

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