La equivocación de Manes es un hallazgo: Sarmiento fue el primer negacionista con la fiebre amarilla

Nacionales 26 de agosto de 2021 Por Visión Política
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Facundo Manes avanza en su campaña de “Dar el paso”, pero en las últimas horas dio dos en falso. Primero, con un envío masivo de SMS a los vecinos de La Plata que lamentaron el spam y la invasión privada del candidato. Luego, con una comparación insólita que no lo dejó bien parado respecto a sus conocimientos sobre historia y salud pública.

Es que, a modo de confrontación con el oficialismo, Manes cuestionó la escolaridad en medio de la pandemia. “Más de un año y medio sin clases presenciales. Si Sarmiento se levantara…”, publicó el precandidato radical en su cuenta de Twitter.

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La educación no puede ser solo un eslogan de campaña. Debe ser una prioridad de todos los días”, completó. Más allá de que las clases presenciales retornaron –de manera escalonada según las condiciones de cada municipio– hace más de dos meses, la referencia a Sarmiento fue lo que le jugó una mala pasada a Facundo Manes.

Casualmente, a Domingo Faustino Sarmiento le tocó ser presidente de la Nación durante la epidemia de fiebre amarilla, entre 1870 y 1871. Su actuación fue pésima. Primero porque desoyó las recomendaciones del Consejo de Higiene Pública. Y luego, porque actuó en contra de toda norma sanitaria.

El episodio más cobarde de Domingo Faustino Sarmiento

En su libro “Curar, Persuadir, Gobernar: La construcción histórica de la profesión médica en Buenos Aires”, Ricardo González Leandri relata un episodio al respecto que grafica la (ir)responsabilidad de Sarmiento al frente del país.

Alarmado por la cantidad de casos de fiebre amarilla que ya circulaban por Brasil en 1870, y por recomendación de la Junta de Sanidad a la que pertenecía, el Dr. Pedro Mallo prohibió el desembarco en Buenos Aires de los pasajeros de buques que procedían de Río de Janeiro y ordenó enviarlos a Ensenada para cumplir una cuarentena de 10 días.

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Domingo Faustino Sarmiento se molestó con el doctor, quebrantó las normas vigentes de funcionamiento institucional, decretó personalmente levantar la cuarentena a los buques que habían llegado al puerto de Buenos Aires y ordenó encarcelar al Dr. Pedro Mallo.

Así fue como la enfermedad ingresó en la ciudad. Un año más tarde, las muertes diarias eran alrededor de 200, en una Ciudad de Buenos Aires que para entonces sólo tenía 188.000 habitantes. En ese momento de máximo riesgo sanitario, Domingo Faustino Sarmiento, en lugar de asumir su responsabilidad y enfrentar al virus, juntó a su comitiva presidencial –unos 75 miembros– y huyeron en tren al municipio de Mercedes.

La cobardía de Sarmiento fue retratada y cuestionada por los diarios de la época. La Nación y La Prensa dejaron testimonio de la desastrosa reacción del “padre del aula”. Finalmente, la epidemia de fiebre amarilla fue catastrófica para la Ciudad de Buenos Aires: mató al 7% de su población, unas 14.000 personas, y la lucha contra su erradicación debió ser llevada adelante por una Comisión de Salud de la que no participó el Presidente.

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En la historia está la respuesta a la frase de Facundo Manes. “Si Sarmiento se levantara…”. El padre del aula, y uno de los más notables educadores de nuestro país no fue un buen líder en la tempestad. A juzgar por su actuación, hoy probablemente hubiera desoído los consejos de los expertos, y atentado contra cualquier medida eficaz para detener el avance del virus.

Llegada la peor parte de la pandemia, armaría las valijas y se refugiaría en Alberti, Benito Juárez, Gral. Alvear, Gral. Guido, Tordillo o Villarino, alguno de los seis municipios que gracias a los esfuerzos de funcionarios y vecinos para sostener los cuidados y avanzar con la vacunación lograron erradicar –al menos de forma temporal– el coronavirus. Fuentes: primerapagina.info e movidaplatense.info

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