Esta historia ya la vivimos: un día Argentina amenazó con no pagarle al FMI, ¿sucederá otra vez?

Nacionales 31 de octubre de 2021 Por Visión Política
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Este diálogo se produjo hace casi 19 años. ¿Se repetirá conceptualmente en los próximos meses, con otros protagonistas?

- Anoop (por Singh, director del Departamento del Hemisferio Occidental 2002-2008 del FMI), queremos informarte que el gobierno decidió no pagarle al Banco Mundial.

- Ah, felicitaciones, ésta es una muestra de la voluntad que tienen para acordar.

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El entonces secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, observó extrañado a su jefe de asesores, Sebastián Palla, por la respuesta del auditor indio y retomó la conversación con la mayor delicadeza posible:

- No, me parece que no entendiste: ¡nosotros no pagamos!

Con Loser se cumplió el precepto de que cuando hay una crisis grande entre un país testigo y el Fondo, quien paga los platos rotos es el staff técnico

Del otro lado del teléfono, la expresión del nuevo titular del Departamento del Hemisferio Occidental, quien había reemplazado como auditor regional a Claudio Loser, el argentino que fue acusado por la durísima subjefa del Fondo, Anne Krueger, de ser demasiado condescendiente con su propio país. Además, con Loser se cumplió el precepto de que cuando hay una crisis grande entre un país testigo y el Fondo, quien paga los platos rotos es el staff técnico.

El miércoles 13 de noviembre del 2002 por la noche Singh se había comunicado con el presidente del BID, Enrique Iglesias, para asegurarle que al día siguiente la Argentina cumpliría con un vencimiento con el Banco Mundial por USD 809 millones.

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La Argentina ya había informado que no abonaría USD 250 millones correspondientes a una cuota de un bono garantizado por la entidad encabezada por James Wolfensohn, “para no discriminar entre sus acreedores privados”, que sufrían el default declarado a los aplausos por el efímero presidente Adolfo Rodríguez Saá a fines del 2001.

Luego de haber girado USD 3.500 millones desde enero a los organismos multilaterales, la eventual cesación de pagos de los USD 809 millones era la bala que le restaba al Gobierno para persuadir al FMI de la necesidad de acordar cuanto antes.

El organismo había dejado de girarle dinero a la Argentina en los meses previos a la caída del gobierno de Fernando De la Rúa y no quería retomar un programa hasta no tener certeza sobre el rumbo adoptado por el mandato interino de Eduardo Duhalde.

La eventual cesación de pagos de los USD 809 millones al Banco Mundial era la bala que le restaba al Gobierno para persuadir al FMI de la necesidad de acordar cuanto antes

En particular, exigía que el gobierno subiera las tarifas de los servicios privatizados un 30%, eliminara las cuasi monedas y los planes de competitividad creados en 2001 por Domingo Cavallo que quedaban en pie.

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El entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna, viajó a Washington de apuro con una serie de gráficos que exhibían una recuperación en el nivel de actividad, las reservas y una fuerte baja del gasto primario, contra el pronóstico de la mayoría de los consultores privados y del Fondo. Ninguno de estos avances conmovió ni al staff ni a los ejecutivos del organismo que conducía Horst Köhler, quien consideraba que la ayuda brindada con el “blindaje” durante el mandato de la Alianza ya era demasiado dinero para el país, aunque en 2002 la sociedad había estallado en pedazos tras la ruptura de la convertibilidad, con un nivel de pobreza cercano al 55 por ciento.

El 14 de noviembre el ministro llamó a Duhalde desde la capital de los Estados Unidos y le aconsejó no pagar. En Buenos Aires, el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, soplaba al oído del presidente exactamente la recomendación opuesta, en sintonía con el deseo de la mayoría de los funcionarios del entorno duhaldista.

El gobierno de Duhalde le hizo un pago parcial en noviembre de 2002 al Banco Mundial por la decisión del FMI de no darle un acuerdo para refinanciar la deuda, que finalmente, por la presión del G7, se firmó a fines de ese año

Sin embargo, una vez más, Eduardo Duhalde decidió respaldar la estrategia de Lavagna, el funcionario en el que delegó más poder que en ningún otro ministro de su gabinete durante su corta gestión, y la Argentina sólo giró USD 79 millones en intereses como un pago simbólico para no romper formalmente el diálogo con Washington.

Los funcionarios del Banco Mundial se enfurecieron y denunciaron una política de “chantaje”. Si bien la decisión no tuvo un impacto económico importante en la cartera de la entidad, se transformó en una señal de alerta para los accionistas del banco y del Fondo. Fuentes: primerapagina.info y lapoliticaonline.com

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