Guzmán se metió solo en esto: entre la devaluación y el Rodrigazo, el riesgo de chocar la calesita

Nacionales 07 de noviembre de 2021 Por Visión Política
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Guzmán insiste en que después del 14 de noviembre no habrá devaluación. En este sentido, en su entorno apuntan a que la corrección cambiaria para dejar de perder reservas -que en términos de liquidez ya son negativas- pasará a ser una devaluación diaria en línea con la inflación o ligeramente por encima, es decir, un "crawling peg" acelerado.

La historia reciente mostró que esa estrategia tiene los días contados. Tras ganar las elecciones en 2013, Kicillof como ministro de Economía y Fábrega desde el Banco Central acometieron una aceleración en el "crawling peg" con el objetivo de corregir el atraso cambiario de la economía en modo electoral de los meses previos. El resultado fueron tres meses con el dólar acelerándose y la demanda cada vez más pujante. El 23 de enero, de la noche a la mañana, el banquero central dejó correr el dólar más de un peso (15%) y lo estabilizó en torno a los $8,10 y a los pocos días incluso cedió a la zona de $7,90.

Esto implicó un salto en la nominalidad: la inflación se aceleró unos 10 puntos porcentuales, pero fue una corrección exitosa en la medida que logró estabilizar la demanda de dólares, frenar el drenaje de reservas y los precios relativos internos se acomodaron sin que los salarios se retrasaran violentamente frente al resto de los precios.

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Y aunque en el mercado entienden que el Gobierno busque evitar a toda costa una devaluación por el efecto en la pobreza, también entienden que se necesita de credibilidad y respaldo político para evitar una devaluación con las reservas netas en rojo. Kicillof y Fábrega, que venían del triunfo electoral de 2013 no lo consiguieron. Para Guzmán y Pesce, la suerte se verá el próximo 14 de noviembre.

Distinto fue el caso de Celestino Rodrigo, que intentó una corrección cambiaria y un posterior reacomodamiento de los salarios del orden del 150% que fue el disparador de una espiral inflacionaria que en 1974 disparó la inflación por encima del 300% mensual.

En este sentido, los economistas cuestionan la factibilidad de que un intento de Pesce y Guzmán por recomponer la competitividad cambiaria gradualmente pueda funcionar. Como explicó a este medio el economista Martín Kalos, director de Epyca Consultores: "Es extraño pensar que esta vez sí va a funcionar algo que en el pasado no funcionó: intentar una devaluación real gradual. Si el mercado te toma el pulso de que estás apuntando a un objetivo de devaluación real, necesariamente el dólar hoy va estar más barato que mañana y hoy te va a demandar reservas para sostener el tipo de cambio sin que la devaluación sea abrupta, o directamente la va a forzar. Una devaluación gradual por encima de la inflación genera expectativas de más devaluación y siempre el dólar va a estar más barato hoy que mañana, esa es una expectativa insustentable".

La solución a eso es haber generado una confianza en la política que trascienda la mirada diaria, lo cual es difícil para cualquier autoridad monetaria, pero mucho más difícil para la argentina que viene muy golpeada en su credibilidad desde el momento en que tenemos crisis tras crisis y ya es una cuestión de aprendizaje imbuido en nuestra cultura el estar pensando en ahorrar en dólares. No veo como una solución factible en la situación argentina un 'crawling peg' (Kalos)

"Por eso, no se puede esperar una devaluación que no sea abrupta. Eso no quiere decir que no se pueda administrar y regular para que haya un manejo controlado. Lo que sí juega a favor es que el tipo de cambio real multilateral no está tan apreciado como en otros momentos en los que hacía falta una devaluación para ponerlo a tiro. Si bien hubo una apreciación este año, las devaluaciones de 2018 y 2019 dejaron un colchón como para poder apreciar en 2020 y 2021. No se puede seguir con esa política, porque se agota, pero no se necesita un gran salto cambiario para alcanzar ese tipo de cambio competitivo y estable del que siempre hablan los libros", agregó.

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El mismo Juan Carlos Fábrega pronosticó a mediados de este año que después de las elecciones de noviembre seguiría un salto del tipo de cambio de a lo sumo el 20% para reducir el atraso cambiario y para reducir la brecha entre el tipo de cambio oficial y el dólar libre, que este martes cerró en $216.

"La de Kicillof fue una devaluación ordenada porque no se desmadró todo. La alternativa, una devaluación desordenada como la de 1973-1974 terminó el Rodrigazo", sintetizó el economista Fernando Marull, director de FMyA, para quien sí sería posible una corrección cambiaria gradual como la que postula Guzmán, pero con una combinación al menos otros cuatro elementos:, coordinación entre el dólar y la tasa de interés, suba de tasas, un cambio de discurso y un programa económico de reducción del déficit fiscal acordado con el FMI.

"Una devaluación ordenada sería hoy un 'crawling peg' menos acelerado que el de Kicillof porque Fábrega empezó a devaluar al 5%-6% y eso es un error porque hay que devaluar al mismo ritmo de la tasa de interés, hoy no podés superar el 2,8%-3% mensual. Para que funcione no se puede pasar ese límite y tiene que haber orden fiscal. Devaluar sin acuerdo con el FMI es un salto al vacío. Hoy no hay anclas y para acelerar la devaluación necesitás un ancla que te la va a dar el Fondo Monetario porque implica firmar un acuerdo con un sendero de ordenamiento fiscal que reduzca el déficit del 3,5% este año a, no sé, 2,5% el año que viene y así sucesivamente".

Devaluar sin acuerdo con el FMI es un salto al vacío. Hoy no hay anclas y para acelerar la devaluación necesitás un ancla que te la va a dar el Fondo Monetario porque implica firmar un acuerdo con un sendero de ordenamiento fiscal

"Posiblemente también sea necesario un aumento de la tasa de interés que empate al crawling peg, pero que reaccione, porque hoy la tasa de interés está dormida. Duplicamos la brecha cambiaria y la tasa de interés brilla por su ausencia. Y también puede ser que se necesite, en cuarto punto, un discurso un poquito más amigable porque ahora el equipo económico está muy agresivo al mercado, a las empresas, al FMI y el mercado reacciona y por eso la brecha está en casi el 115%", explicó Marull.

En este punto, cabe recordar que el FMI no suele programas con brecha cambiaria y por eso exige habitualmente su reducción por debajo del 60% en los primeros años del programa.

"Por el contrario, una devaluación desordenada sería una corrección cambiaria sin acuerdo con el Fondo, manteniendo el relato y posiblemente radicalizándolo un poco más. Eso llevaría a que en el verano la brecha cambiaria y la inflación se disparen, no digo al estilo de julio del '75 cuando la inflación llegó al 33% mensual, sino que es un escenario bastante malo en el que se puede romper el mercado cambiario: el agro no va a liquidar, al Banco Central lo van a correr por el lado de las importaciones y la brecha cambiaria se va a ir por las nubes. Recordemos que en el Rodrigazo la brecha cambiaria llegó a ser del 370%", agregó. Fuentes: primerapagina.info y lapoliticaonline.com.ar

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