Las plagas de Egipto: sin el FMI peligran inversiones en Vaca Muerta y estiman 85% de inflación

Nacionales 14 de enero de 2022 Por Visión Política
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A solo tres semanas del próximo pago al Fondo Monetario Internacional y de agotamiento de las reservas internacionales para hacer frente a próximos pagos, analistas e inversores empiezan a plantearse la posibilidad de que no se llegue a un acuerdo con el FMI. O al menos que no se arribe a un nuevo crédito antes de que el próximo vencimiento deje al país entre los atrasos (arrears) o un pedido de excepción (waiver).

Dados los incentivos de ambas partes para llegar a un acuerdo, el consenso de los analistas proyecta un acuerdo en la primera mitad del año, pero no necesariamente antes del 21 y 22 marzo, fecha para la cual el Banco Central no va a contar con los casi 2.820 millones de dólares para pagar y seguir negociando. No así los inversores que ya dan por perdido el acuerdo y lo reflejan en un riesgo país que este martes cerró en 1833 puntos básicos.

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De acuerdo con la visión más optimista de los analistas, para poder estirar las negociaciones, ellos consideran que el FMI le concederá al país un waiver, incluso si para esta fecha técnicamente ya entran a correr los punitorios del Club de París al que se le debería haber pagado en 2021 la suma de 2.200 millones de dólares que fueron prorrogados hasta este año.

Pero si las discusiones se prolongan más allá del segundo semestre y ambas partes siguen sin acercar posiciones respecto de la necesidad de hacer un ajuste fiscal para que el país genere los recursos para pagarle al Fondo, a los bonistas privados y a los demás acreedores internacionales, entonces el escenario sería distinto. Y aunque no se denomine "default" porque no se trata de deuda con privados, sino "arrears", es decir atrasos, los efectos prácticos son similares: se termina el crédito internacional, el país pierde 1.150 millones de dólares de desembolsos de organismos internacionales ya acordados como los del BID y la CAF. 

Además, el sector privado perdería cartas de crédito de exportación, también el acceso preferencial a mercados internacionales y sufriría una pérdida casi total de la inversión extranjera directa (IED), es decir un parate en los desembolsos de inversiones petrolíferas en Vaca Muerta y también en mineras convencionales y de litio.

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En ese escenario, la consultora Equilibra proyectó que el primer semestre del año transcurrirá dentro de  cierta calma cambiaria por la liquidación de la cosecha de maíz y soja, mientras que la inflación se mantiene en la zona del 58% por los descongelamientos tarifarios. En cambio, en la segunda mitad del año, la incertidumbre se hará sentir sin acuerdo con el Fondo, el dólar se irá a la zona de los $200, el Banco Central deberá emitir más de lo proyectado originariamente por Guzmán y que en consecuencia la inflación podrá llegar al 8% mensual para cerrar el año en torno al 85% anual.

El incumplimiento con el Fondo implicaría el cierre del acceso al financiamiento a la mayoría de los organismos financieros internacionales (como el BID y Banco mundial), comprometiendo incluso futuros desembolsos ya pactados (BID y CAF). Además, el Club de Paris gatillaría intereses punitorios y el sector privado perdería cartas de crédito de exportación, acceso preferencial a mercados internacionales e Inversión Extranjera Directa (IED).

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Además, por la caída de la inversión y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, la economía cerrará el año con un caída del PBI del 2%.  Pero además "no habría reducción del déficit primario, el financiamiento del bache fiscal se cubriría principalmente con emisión, y tanto el riesgo país como la brecha treparían", resumió el director de Equilibra, el economista Martín Rapetti.

Si bien en términos de PBI, una caída del 2% no es groseramente más grave que el escenario de estanflación que la consultora tiene como base para el año próximo con acuerdo con el FMI -que con 1% de crecimiento en realidad implica quedar en ciernes de una recesión habida cuenta del importante arrastre estadístico positivo que deja 2021-, supone un panorama mucho más complicado de cara al 2023. En especial porque los costos de generación energética se dispararían haciendo crecer el déficit fiscal y licuando toda la mejora lograda en la primera mitad del año.

En cambio, en el escenario de estanflación, "producto de salarios que treparían apenas por debajo de la inflación, la demanda interna se mantendría en niveles similares a los de fines de 2021. A pesar de modestos resultados, permitiría comenzar a corregir los desequilibrios macroeconómicos, sorteando la maldición recesiva de los últimos cinco años pares", señaló la consultora. Fuente: lapoliticaonline.com

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